Tanto que te busco
Tanto que te alejo
Tanto que no quiero (8)
Tanto que te alejo
Tanto que no quiero (8)
Lluvia, tráfico y caos en el reino urbano
Entes transitando con pensamientos estériles que se estrellan en el cemento,
que se disuelven entre los pasos que persiguen la tan odiada rutina que ninguno puede abandonar.
Maldiciones, bendiciones, plegarias y promesas que quizás no serán escuchadas más allá de las nubes grises que nos cubren esta tarde.
Miro el reloj… tarde ya para estar deseando ese “Café au lait” que alguna vez saboreé cerca de Notre Dame.
Tarde para revivir las mariposas que yacen muertas en mi estómago… a pesar de que en mi mente sobrevive la existencia de ti.
Dejo que me asalten ideas locas de nosotros: platicando en la oscuridad bohemia de algún bar, correteando en alguna calle fría, apartados de los mundos que construimos quizás al azar.
Imaginando los celos que siento si alguna se cruzara con el fuego de tu maravillosa mirada, aunque mis ojos siempre voltearon hacia tus labios y robaron parte de mi alma con todas aquellas cosas que decían de mí.
Acepto que me gusta que no te asuste mi silencio, que admiro la paciencia que guardas a pesar de las ansias que llevas dentro… y estas alas falsas que has puesto en mi espalda ya me han hecho volar, tanto que ya me creo eso de que soy un ángel,
aunque en verdad he sido una reverenda cabrona contigo.
… y antes de que el conductor detrás interrumpa con el claxon mis pensamientos, admito que me sigues robando el aliento a pesar de lo indomable que suelo ser.
No cabe duda que las palabras son enanos y los hechos gigantes, mi necedad está siendo pequeña comparada con la fe tienes en mi.









